Y tú, ¿sabes decir que no a un dulce?

 

Vivimos en un entorno saturado de estímulos alimentarios irresistibles. ¿Quién no ha sucumbido alguna vez a pedir una tarta de queso, de chocolate o una torrija cuando traen la carta de postres a pesar de haber comido más de lo habitual? La conexión entre nuestras elecciones alimentarias y el entorno es más profunda de lo que imaginamos.

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La búsqueda de energía y las señales del entorno

Todos los organismos necesitamos energía para sobrevivir. Por eso hay muchas estrategias para optimizar la detección y uso de las fuentes energéticas. En el entorno moderno, esta búsqueda se ve influida por distintos estímulos sensoriales relacionados con los alimentos, anticipando el consumo y alterando el equilibrio energético. Por ejemplo, al ver un dibujo de un gofre lo puedes asociar con el consumo, moldeando tu comportamiento para querer comerlo, incluso en ausencia de hambre.

 

Adaptaciones neuroconductuales

Las señales internas que dan forma a este aprendizaje de asociación sensorial se generan durante la ingestión de nutrientes. Después, las señales se transmiten al sistema nervioso central para asimilar el valor nutricional de los alimentos. Este vínculo es crucial para la regulación del impulso motivacional y la formación de preferencias alimentarias.

No obstante, la exposición repetida a alimentos procesados ricos en grasas y azúcares puede distorsionar el vínculo entre el valor nutricional y la necesidad de comer cierto alimento, llevando a la reconfiguración de nuestros circuitos cerebrales y, por último, a la modificación de nuestros comportamientos alimentarios. Todo esto provoca una disminución del atractivo de opciones bajas en grasa o azúcares.

 

La pandemia de obesidad

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Este fenómeno, unido a nuestra exposición continua a alimentos altamente ricos en grasas y azúcares, aumenta el riesgo de comer en exceso y ganar peso. Estas adaptaciones neurológicas a un entorno con exceso de calorías recalcan la necesidad urgente de replantearnos nuestros hábitos alimentarios, así como el entorno que hemos creado, si queremos combatir la creciente pandemia de obesidad. Para ello, habría que reducir la disponibilidad de alimentos ricos en energía y fomentar opciones más saludables. Solo así podremos dar pasos significativos hacia un futuro donde la salud y el bienestar prevalezcan sobre la tentación de los caprichos dulces del entorno moderno.

Si quieres conocer cómo tu perfil genético influye en el metabolismo de distintos nutrientes y en tu predisposición a enfermedades metabólicas, te recomendamos echar un ojo a nuestro test genético de nutrición.

 

Referencias:

Edwin Thanarajah, S., DiFeliceantonio, A. G., Albus, K., Kuzmanovic, B., Rigoux, L., Iglesias, S., Hanßen, R., Schlamann, M., Cornely, O. A., Brüning, J. C., Tittgemeyer, M., & Small, D. M. (2023). Habitual daily intake of a sweet and fatty snack modulates reward processing in humans. Cell metabolism35(4), 571–584.e6. https://doi.org/10.1016/j.cmet.2023.02.015